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Mostrando las entradas de septiembre, 2024

BOLOGNA

La Bologna que conocí es una ciudad de anaranjados, ocres, amarillos, beige. De amplios espacios, calles anchas, edificios con decenas de detalles, grandes, llamativos. Diversa en el sentido que se la piense (aunque sea tan subjetivo que carezca de sentido).  Me crucé una feria de antigüedades y soñé despierta con esa ciudad de décadas atrás. Frascos de perfume miniatura, de esos que coleccionaba mi hermana, libros miniatura, relojes intactos sin funcionar. Encontré una mesa con cascos, escafandras y calzado de guerra, o de expediciones marinas, quizás.  Siempre me quedo con la sensación de que debí haber preguntado más. Tengo la curiosidad (o la personalidad) de un gato: soy curiosa pero solitaria, me gusta observar, crear imaginarios, armar relatos mágicos, tocar un poco y alejarme sin hablar... Podría inferir que el idioma tiene gran injerencia, pero lo dudo, hablo un itañol perfecto. En fin, Bologna tiene el color de toda ciudad de universidades. Esa energía del vaivén de ...

Acerca del olvido

Cada trazo de mi vida se ha desdibujado desde hace un tiempo.  Las líneas que con claridad había delineado, metódicamente, enseñándome el camino, se borraron y ahora sólo tengo difusas memorias de lo que algún día me dije que sería el destino a perseguir.  Hubo un tiempo en el que todo parecía más claro y preciso.  Con la carta de las certezas obtenidas y las batallas ganadas jugué un poco a tientas y otro poco con la fortuna (porque todos cuando estamos brillando sentimos que siempre estará de nuestro lado) y me deslicé hacia destinos que creí dominados y rompieron mis columnas más arraigadas.  Hubo un rumbo, hoy sólo esperanzas. Forjar alas tiene mucho de perder raíces (¿por qué nadie me lo dijo?).  Forjar alas es quizás como desarrollar el músculo: romperse para crearse. Destruir para construir (¿será quizás por ello que el arquitecto disfruta más de una obra cuando la restaura?).  Ya no veo con claridad el futuro y no sé con certeza si tengo en claro mi...

24 horas en la ciudad variopinta

Nápoles es indescriptible. Tantos colores, olores, sabores, formas, sonidos... es todo lo que uno puede imaginar y a la vez no es nada de lo que puedas imaginar. Llegas a Nápoles y todo te sorprende, impacta, asusta y alegra... los citadinos son enérgicos, de carácter fuerte y temeroso. Parecen serios y antipáticos, por momentos de mal carácter o enojados, pero aman hablarte de su ciudad, de Maradona y el calcio , de la pizza frita, la Margherita y de Argentina.  En esta ciudad casi que no se madruga, se discute todo y se come fuerte. Cruzar la calle es un deporte de riesgo pero si esperas a que frenen para cederte el paso no avanzas más, en minutos aprendes que el tráfico no para si no lo frenas lanzándote con actitud segura y paso apresurado al mar de motos, autos y buses. Lograrlo se siente un triunfo.  La variopinta tiene tanto que es imposible elegir. Ni qué decir de ponerle un adjetivo. No sabré decir si me ha gustado o no, ha sido fantástica y apabullante en iguales pro...