Cada trazo de mi vida se ha desdibujado desde hace un tiempo.
Las líneas que con claridad había delineado, metódicamente, enseñándome el camino, se borraron y ahora sólo tengo difusas memorias de lo que algún día me dije que sería el destino a perseguir.
Hubo un tiempo en el que todo parecía más claro y preciso.
Con la carta de las certezas obtenidas y las batallas ganadas jugué un poco a tientas y otro poco con la fortuna (porque todos cuando estamos brillando sentimos que siempre estará de nuestro lado) y me deslicé hacia destinos que creí dominados y rompieron mis columnas más arraigadas.
Hubo un rumbo, hoy sólo esperanzas.
Forjar alas tiene mucho de perder raíces (¿por qué nadie me lo dijo?).
Forjar alas es quizás como desarrollar el músculo: romperse para crearse. Destruir para construir (¿será quizás por ello que el arquitecto disfruta más de una obra cuando la restaura?).
Ya no veo con claridad el futuro y no sé con certeza si tengo en claro mi pasado (¿Qué pasó desde entonces? ¿Quién fui y por qué…?). Hay un calendario sobre el escritorio de esa habitación donde pernocto, con seis meses por delante que indican el 50% de posibilidades.
Los días y el tiempo pierden sentido, no puedo racionalizarlos, se han diluido.
Momentos… ahora pienso y vivo en momentos. El reloj marca un tiempo que en sí mismo desconoce, marca el tiempo para otros. Ese reloj marca instantes que recojo casi imperceptiblemente. Los segundos pasan y los días corren. El tiempo se mueve infinitamente y floto entre decisiones, pensamientos, memorias y anhelos.
Forjar alas era también esta pérdida de lo conocido, ¿cierto?
Forjar alas nunca fue fácil. Nadie dijo que sería sencillo (pero lo creí, un poco lo creí).
El camino de uno hacia uno es quizás también esto de borrar y volver a diseñar esos trazos cuantas veces sea necesario hasta que las raíces… las raíces…
Que sos un ave con nido.
Que sos un nido de un árbol.
Que sos un árbol de temporadas.
Que sos tiempo y estás creando.

Comentarios
Publicar un comentario