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Me fui de vos

No sé decirte si la noche se hizo eterna, si el silencio se apropió del cuarto, si las manos perdieron tacto o es que el aire se tornó ausente.

Perdí la noción de todo, del reloj en la pared, del tiempo que continuó avanzando, del aire por nosotros viciado, de la falta de espacio, de la pena cautiva y el retorno autómata a tu lado.

De un momento a otro, más bien de días, años, décadas de rutina, pero como si de un instante fuera, perdí la conciencia de cada aspecto de nosotros que nos hacía nosotros.

Me olvidé de las ventanas abiertas, del frío invernal que se calaba por cada recoveco de mi cuerpo, de cada puerta golpeada y cada abrazo en suspenso.

Me fui de todo y me dejé en pausa, y te di la libertad como prueba de presencia, me hice cautivo de tu mente, rehén de tus palabras, esclavo de mis temores.

Cerré el alma, puse candado y me tiré al sillón a reconfortarme con eternos silencios y miradas ausentes.

No podría aseverar que me di cuenta en algún momento, pero te dejé al otro lado de mi, de mi historia, de mis sueños.

Me cautivó la melancolía y me aferré a cientos de recuerdos.

Me fui de todo y te dejé el vacío de mi cuerpo ausente.

Ya no puedo saber si es demasiado lejos, ya no sé si te has quedado o si también te fuiste.

Te veo y veo a alguien diferente y siento incertidumbre de volver a conocerte.

Tiemblo ante la posibilidad de que mi nuevo yo no sea de tu agrado.

Este es quizás el retorno a ese primer momento, al juego de las miradas iniciales y las sonrisas disimuladas (?).

¿Arriesgamos?


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