No sé si existe algo más fascinante que el flujo inconstante de la existencia.
Cuál rumbo toma una elección y cuánta riada lleva una vida.
De confines inexplorados, tan cristalinos como opacos, donde todo está servido más aún nada se encuentra dado.
El correr de mil noches sin luna y tantas lunas diurnas, la inexorable invitación a lanzarse a lo profundo sin más certeza que el ocaso de lo que es tacto.
Sin aparente rastro se forjan las marcas de esta piel que transmuta sutil y se revela perenne.
Una espiral cíclica que camina palpitante hasta que el fulgor se apaga.
Desconozco si se advierte una experiencia más inquietante.
La cruda expectación de un fin inevitable y la dulcorosa esperanza de la eterna llama.
Comentarios
Publicar un comentario