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EL TUCUSITO

El domingo del mes de un año lejano, del que ya no hay registro si es recuerdo, sueño o presagio, un tucusito se posa sobre la flor de un vestido de verano, un día de sol sin nubes, de brisa templada y aroma a hojas verdes y hierba húmeda de bruma nocturna. La flor sin néctar ondea al compás del hálito rimbombante de la seda de colores y el tucusito desaparece sin dejar rastro entre los geranios y las buganvillas. La flor sin néctar continúa su camino hacia el río donde su portadora recoge en una vasija el agua dulce y cristalina y la arrastra por el camino de piedras hacia la casa. Tomates, rabanitos y morrones reviven sus colores mientras reciben el agua de riego y cientos de brillos resplandecen al sol, en tanto la huerta se nutre y se seca nuevamente. La rutina matutina de domingo acompasada entre aromas y sonidos de naturaleza da inicio a un nuevo día. El verano está llegando y con él los días cálidos de reuniones entre amigos y niños correteando. 

A lo lejos se siente el rumor de los primeros comensales, un perro que ladra, un niño que ríe y los saludos entre adultos. El niño y el sabueso corren sin ataduras hacia el riachuelo y entre tropiezos y risotadas se da inicio a la recolección de piedras redondas y aplanadas, perfectas para hacer sapito. En breve comenzará la competencia y quien llega primero obtiene la ventaja. Los adultos se reúnen en la cocina, alrededor de la mesada, entre alimentos, bebidas y conversaciones triviales. Poco a poco va arribando el resto de los invitados y el ritual se repite, cual una lección memorizada, automática. Sin preámbulos la elaboración de alimentos se inicia y los más jóvenes comienzan la contienda junto al cauce del río, riendo a carcajadas entre salpicones y zapatillas mojadas.

La mesa, dispuesta bajo el quebracho en el que me he asomado, se va aggiornando de vasos, platos y cubiertos. Una panera y un servilletero acompañan el cuadro dominical y las bebidas transpiran mientras algunos cubiletes comienzan a llenarse, para luego vaciarse, y nuevamente servirse. Las horas pasan entre el murmullo de voces y conversaciones que no logro distinguir. Casi nadie se percata de mi existencia, incluso si me muevo entre ellos. Un niño se sorprende ante mis colores y me señala, algunos adultos me distinguen y sonríen. Alguien cuenta mi leyenda, algunas miradas se humedecen y una anécdota resurge. No me reconocen pero sus rostros iluminados alimentan mis sentidos. Ya pasó mucho tiempo desde mi partida. Se que me recuerdan algunas veces, pero la vida y sus vaivenes lógicos han dejado en la memoria y en el pasado mi presencia.

Me alejo y me poso en una gitanilla, recupero fuerzas y regreso al barullo. Los minutos continúan avanzando y el aroma a café y el ruido del último sorbo de un mate se mezclan con los chapoteos a lo lejos en el riachuelo y el canto de una monjita blanca. Algunos comienzan a despedirse, otros ponen a calentar una pava con agua. La tarde asoma y ya pocos quedan a la mesa. Algunas migas hacen de merienda para los pajaritos. Un aroma de flor de naranjo llega desde lejos. Ha sido otro domingo del mes de un año más que es recuerdo, sueño y anhelo. Y ya es mi hora de retorno, todos están bien. 


Existe un ave, la más pequeña de este mundo, que tiene un corazón tan grande que ocupa el 2.5% de su peso total. Los guaraníes le llaman mainimbú y su leyenda cuenta que es el encargado de acompañar las almas de los difuntos en su elevación al cielo. Es tan mágica su energía, sus colores brillantes, sorprendentes, vibrantes, hacen creíble lo increíble de la naturaleza. Hay quienes afirman que su presencia simboliza la visita de aquellos seres amados que ya no están entre los vivos. A veces para sanarnos el alma, a veces para unirnos, a veces simplemente para saludarnos.


Unquillo, Córdoba, hace ya tantos años...



Comentarios

  1. Con esto que has escrito puedo comprender ese sentimiento que perdurará por siempre, todos los días no paro de recordar esas hermosas charlas, que de repente ya no están mas

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  2. Son pocos hoy los que recuerdan el paso del tiempo, las cosas lindas de la vida, el ser, el estar, el caminar, el disfrutar y cuando lo hacemos, nos damos cuenta que el tiempo paso y nos perdimos de lo más lindo, anhelo eso.....

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