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LAUREL

Es auténtica, y más que auténtica, es un huracán de emociones. 

Se expresa a raudales de palabras, risas estruendosas, abrazos y empujones. 

Hace ruido pero anda ligero, no la ven moverse pero deja huella. 

Su nombre significa triunfadora, pero todavía no se da cuenta.

Bajo el signo del fuego se enciende ante las injusticias y se apaga ante las decepciones. 

Y se frustra, se frustra tanto, porque tiene alma joven y espíritu sano y no entiende nada este mundo tan tirano. Y no lo acepta, no se deja convencer, para ella no hay sitio para la maldad. 

Baja los brazos unas cuantas noches a la semana, rendida ante las decepciones,

rendida ante el desamor y la falta de empatía. 

Ella que siente tanto no puede restaurar el alma de la noche a la mañana. 

Pero a cada alba se despeina los dolores y las desventuras y salta hacia el sol cálido que la recarga.

Genuina y visceral corre, sin medir el tiempo, hacia la rutina.

Llora en secreto tras un libro, en un descanso de escaleras. 

Se seca las lágrimas y revive su llama interna. 

Y sale a la cancha y entrega sonrisas y miradas reveladoras. 

Y juega el juego de los adultos acartonados riendo hacia dentro. 

Es que es auténtica, así sin más, y su volcán interno la desvela.

Siembra historias de amor genuino, nutre relaciones con toda su intensidad. 

Cree en su ángel y su arma es un cuarzo rosa, siempre en su pecho.

Sólo necesita una señal, una puerta abierta, un poco de fortuna y buen destino. 

Y en ese camino se cuela, junto a sus sueños, en un ingrávido andar, sosegado pero indubitable. 

Mujer soñadora, niña risueña. Descansa que llega, todo llega.


Córdoba, Argentina, 2019



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