Receta
Tan sólo una mirada,
eso requiere.
Si bien, la realidad es,
que no se trata
de sólo una mirada.
Debe ser una que no duela,
que simplemente brille.
Una húmeda y limpia mirada
que todas las luces
de una ciudad cosmopolita encandile.
Una que opaque
el cielo más estrellado.
Una que apague
las sombras de cualquier
miedo infundado.
Toma sólo una mirada,
que cautive y temple
un alma desolada.
Cristalina, limpia y simple,
sin atisbos de engaño,
sin dudas ni secretos.
Una que diga presencia,
que prometa ensueño,
que sea apoyo y espalda
que sea columna y abrazo.
Auténtica, sin más.
Tan sólo una mirada,
sin un más allá que eso.
Toma tan solo una mirada
para saberlo.
Ese instante de conexión
que dice todo y no falla.
Casual y cadente, abrasadora,
intensa y ferviente.
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