La esperanza, ¿energía, valor, don, estado?
Una espera, una constancia de la espera optimista. Una espera sin fundamento ¿quizás?
Y es en la esperanza que los seres humanos transcurrimos una existencia que en muchas oportunidades carece de lógica alguna. Un pasar por este mundo que te llena de cuestionamientos. Quizás la esperanza es un mecanismo de defensa, una forma de superar la enajenación, ese constante desposeer, perder el control, estar fuera de sí.
Es en la esperanza que nos fundimos con la energía del universo y entendemos que no hay mayor control que perder el control, que no hay mayor herramienta para superar este mundo que asumir que todo está dado. Que sólo somos artífices de un pequeño paso, que tenemos a nuestro alcance unas pocas herramientas para hacer y deshacer… pero que, en definitiva, todo, o casi todo, se trata de un ánimo optimista que nos lleva a querer, creer, y crear. Y le damos forma de expectativa, le ponemos un poco de realismo y salimos a jugar las cartas que hemos elegido, a veces por azar, a veces por sabiduría, a veces son las cartas que nos obsequian, a veces robadas, otras tantas prestadas.
Y ahí vamos, expectantes, forjando una historia que no es más que un acontecer de la confianza depositada en ese futuro incierto, que jamás podremos coaccionar. Pero esperamos, porque somos espectadores de un fulgor que no podemos describir con la mente, esperamos que, aún lejos del raciocinio, haya algo más para nosotros: un destino, un amor, un sueño, una promesa, una esperanza.

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