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Una práctica

Puedes ponerte a prueba e intentar ver al otro sin ponerle tu proyección, sin reflejarte en él, sin formar una imagen basada en tu única percepción. Mirar al otro y dejarlo ser, sin jugar con tu mente a descrifrar o comprender más allá, sólo observarlo y disfrutar del intercambio, de recibir sin condiciones eso que da.

Las personas, en general, tenemos incorporado, aún de forma inconsciente, una especie de juego mental en el que cada palabra y cada acción son analizadas, esgrimidas desde nuestra visión. Y muchas veces olvidamos que cada persona tiene una realidad sesgada por su historia, su contexto, su personalidad... nos preocupamos tanto tantas veces por entender o discernir, por leer entre líneas al otro cuando la realidad es que el otro se muestra solo, sin necesidad de adivinar, simplemente cuando nos permitimos observar de verdad. Y lo que el otro quiere compartir de si, es eso, ni más ni menos, y lo que elige no compartir, es su silencio, es su lugar seguro, es su decisión. 

Hay una sutileza, una ligereza, en ese acto que no es posible explicar o comprender sin vivir la experiencia del mirar sin condiciones. Hay una apertura lejana a lo mundano, cercana al ser, al espíritu. El cuerpo se torna más liviano, se relaja, se expande. 

Como. Italia. 2023


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