Uno nunca sabe qué hay detrás de cada mirada. Lo que una persona carga consigo día a día. Qué secretos celosamente guarda, qué emociones, cuántas experiencias, buenas y malas.
Uno no sabe qué piensa esa persona. Te la cruzás y se detiene unos segundos a observarte. Probablemente ni siquiera te observa, sólo pasa su mirada sin registrar nada. Y capaz que esa mirada disimula todo o nada.
Hay miradas que no cuentan. Que pasan sin dejarme nada. De esas me olvido aún antes de mirarlas.
Pero las otras miradas, las que detienen mi mundo por milésimas de segundo y me desconectan de mis cargas. Esas me dejan pensando en la inmensidad de este mundo. De estar en el mismo lugar, a metros de distancia y no tener nada en común más que una vereda, un asiento de colectivo, una cola en el banco. Y en milésimas de segundo siento que me cuentan algo. Algo que trato de imaginar, porque lo siento.
Y pienso cómo habrá sido su día o lo que va de él. Si habrá tenido algún compromiso, si habrá sido un día pesado... me pregunto si ess mirada cansada que se pega al piso o al reflejo de una ventana tiene mucho que contar o mucho que callar. Si será una mirada que sólo desea llegar al hogar, a una mesa con comida, al abrazo del hijo, o del amante, a la soledad de una cama de dos plazas para uno.
Me pregunto si llevará una carga pesada, si su cabeza estará a punto de estallar de tantas preocupaciones. Me intriga saber si habrá alguna pasión guardada, si vivirá de lo que le gusta o vivirá de lo que no, deseando otra vida.
Me imagino el camino desde donde baja del colectivo hasta su casa. Veo una luz prendida a veces, eso sería acogedor. A veces veo una casa apagada. Y me pregunto si disfrutará de su soledad o deseará que alguna vez se encuentre iluminada.
Y me trae recuerdos... de cómo deseaba en mi infancia y adolescencia llegar en invierno y sentir el olor de algo que se cocinaba.
Es así, uno nunca sabe qué pasa por el que pasa. Uno nunca sabe qué pesos carga. Y eso me genera la sensación más fuerte de lo infinito, de lo inmensurable, de lo ínfimos que somos y de lo importantes que nos creemos. Y parece que para el universo no somos mucho, o somos nada.

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